jueves, 21 de mayo de 2015

Si quieres innovar, genera nuevas conductas.

A estas alturas ya casi nadie discute que la innovación es un elemento clave para la competitividad y el crecimiento de las empresas. Sin embargo, en nuestro país, todavía son pocas las  empresas que realizan actividades relacionadas con la innovación, y muchas menos las que lo hacen de manera continuada y sistematizada.

La mayoría de buenas prácticas, fomentadas por escuelas de negocio y publicaciones sobre gestión empresarial, están mucho más enfocadas a la explotación del negocio actual que a la exploración de nuevas oportunidades. En muchos casos, estas prácticas, limitan y coartan las conductas necesarias para explorar, es decir innovar. 

Tal vez sospechando que esto pueda ser así, cada vez más empresas buscan soluciones a esta situación. Una de las más utilizadas, y poco exitosa, es la de salir del entorno habitual, buscar un lugar alejado del día a día, contratar un facilitador y pasar dos días fantásticos, llenos de inspiración y energía, en los que generar ideas y pasar un buen rato.

Lamentablemente, una vez terminadas esas sesiones y de regreso al puesto de trabajo y a la realidad de la rutina diaria, el foco vuelve a estar en la explotación del negocio actual, las ideas van quedando en el olvido, y nunca llegan a ser implementadas. Esto se debe, a que la organización no ha diseñado los mecanismos adecuados para que las conductas de la personas, sean las apropiadas para innovar. 

La innovación no puede convertirse en un evento ocasional. Para generar resultados, debe ser parte del trabajo diario. La organización debe diseñarse para combinar explotación y exploración,  y las personas que trabajan en ella, deben verse inmersas en actividades que tengan como propósito buscar inspiración, generar ideas e implementarlas. En otras palabras, deben adoptar nuevas conductas

Una de las ecuaciones más famosas en el ámbito de las ciencias sociales, y relacionada con los estudios sobre la conducta humana, fue desarrollada por el psicólogo Kurt Lewin. Según esta ecuación, nuestra conducta vendrá determinada por dos variables, nuestra personalidad y el entorno en el que nos encontremos. 
Conducta = Personalidad x Entorno
Siguiendo este razonamiento, para lograr que una persona adopte conductas que favorezcan la innovación, es clave que los líderes creen los entornos propicios para ello, y que a la vez sepan influir en el modo de pensar de los miembros de la organización. Es decir, deben construir culturas innovadoras que fomenten nuevos comportamientos.


Para pensar de un modo distinto, es decir para romper la inercia cognitiva, el mejor camino es romper la inercia de acción. Dicho de otra manera, realizar nuevas actividades nos llevará a pensar de un modo diferente, y si esto se hace en un entorno que ha sido creado para fomentar esos comportamientos, entraremos en un circulo virtuoso, que se materializará en un flujo constante de innovaciones.

Por lo tanto, el gran reto de las personas que ocupan posiciones de liderazgo, no es tanto el de ser visionarios o innovadores ellos mismos, sino el de lograr activar todas aquellas palancas que hagan que las personas adopten conductas innovadoras, y que la cultura, la estructura y los sistemas de la empresa les den apoyo. 

Existen distintos aspectos que los (las) líderes deben tener en cuenta a lo largo de este proceso, pero todo debe empezar con la creación de una crisis positiva. Se trata de generar una sensación de insatisfacción interna, de establecer nuevos objetivos, que obliguen a las personas a hacer cosas diferentes. 

En este cambio, es fundamental no menospreciar el poder que las historias tienen en nosotros. De ahí la importancia de desarrollar una historia sólida en torno a los motivos por los que se desea incorporar la innovación al ADN de la empresa, y hacia donde debe conducirnos la innovación.

Muchos directivos desean obtener los beneficios que la innovación puede aportar a sus empresas. La mayoría de ellos imaginan nuevos productos, servicios o modelos de negocio a partir de los cuales tener éxito en sus mercados. Sin embargo, para que eso llegue a suceder, antes deben enfocar sus esfuerzos en el modo de gestionar a sus personas, en ofrecerles un entorno que impulse y premie la innovación, y en fomentar que estas adopten nuevas conductas. Sin acción, no hay innovación.


2 comentarios:

  1. Sin acción no hay innovación. Totalmente de acuerdo.
    También lo estoy en que se debe propiciar un nuevo entorno que genere entusiasmo por innovar para que el nuevo enfoque forme parte del modelo de gestión de la organización.
    A este respecto, creo que sí es bueno el planteamiento de llevar al equipo directivo a un lugar diferente del día a día. Ayuda a ver las cosas de una forma distinta y es el primer paso para comenzar a implantar las mejoras deseadas. Discrepo, en cambio, en que estas actividades sean diseñadas para generar nuevas ideas. En este caso es seguro que no se conseguirá avanzar. Es una herramienta muy pontente, en cambio ,si se sabe utilizar para comenzar a poner las bases de una nueva cultura organizativa: soñar, acordar y firmar compromisos. Mi experiencia me demuestra que funciona.

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    1. Gracias por tu comentario, Edita. Respecto a lo de llevar a los miembros de la organización a un lugar alejado de su entorno habitual, para reflexionar, debatir y generar ideas, estoy de acuerdo contigo en que puede ser un mecanismo muy potente para poner las bases de una cultura organizativa. Cuando en el post comentó que no sirven, me refiero a que si se trata de una práctica aislada, que no forma parte de un programa mucho más amplio, al volver de esas jornadas, nada sucederá en la empresa.

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