jueves, 26 de marzo de 2015

Innovación desde el liderazgo y desde las personas

Existen básicamente dos modos de enfocar la innovación en el seno de una organización, desde el liderazgo o desde las personas. Es decir, innovar de arriba hacia abajo o innovar de abajo hacia arriba. Ambos juegan un papel relevante, y son absolutamente complementarios. 

Es un error creer que uno sea mejor que el otro, o que impulsando únicamente uno de estos dos enfoques, la empresa obtendrá los mismos resultados que se obtendrían al activar ambos. Mientras el primero genera innovaciones más disruptivas, el segundo colabora a incorporar la innovación al ADN de las empresas,  y convierte a las personas en piezas clave.

Innovación de arriba hacia abajo

La innovación de arriba hacia abajo es impulsada por la alta dirección, y puede estar inspirada por la visión de un líder,  por un nuevo y ambicioso objetivo, por grandes cambios en el entorno, o simplemente por la convicción de que para ser competitivos en el mercado debe innovarse de manera continuada.

Cualquiera de estas situaciones, dará pie a que los directivos, analicen la situación de partida, y determinen los pasos a seguir para lograr los resultados deseados. Estas directrices irán descendiendo en cascada, hasta llegar a los empleados del departamento de I+D, o a los equipos de innovación creados para proyectos concretos. Una de las herramientas utilizadas para lograr transmitir tanto la visión, como los pasos a seguir para llegar hasta ella, son los “roadmaps” (Strategy Roadmap, Technology Roadmap, Product Roadmap, etc.)


Este enfoque suele crear estructuras internas en torno a la innovación, aunque también pueden utilizarse mecanismos relacionados con la innovación abierta, como alianzas externas, subcontratación de la innovación o incluso adquirir otras empresas o start-ups.

La innovación de arriba hacia abajo, puede producir innovaciones radicales, es por lo general mucho más ambiciosa y suele aislar a las personas responsables de innovar, de las operaciones del día a día. De este modo, pueden dedicarse exclusivamente a desarrollar nuevas tecnologías, productos u otras formas de innovación. 

Sin duda, este enfoque es muy importante para lograr grandes avances, sin él no dispondríamos de ordenadores personales, de internet, de coches eléctricos, etc.  Sin embargo, casi siempre suele partir de un proceso de reflexión limitado a unos pocos, la alta dirección, quienes suelen estar alejados de los clientes y por lo tanto generan soluciones muy centradas en las propias capacidades de la empresa. Por este motivo, es muy recomendable democratizar esa etapa inicial que debe marcar el rumbo, e invitar a otras personas a participar en el proceso de reflexión.

Innovación de abajo hacia arriba
Las ideas pueden provenir de cualquier lugar, y los empleados pueden ser una fuente inagotable de ideas. Esta es la lógica sobre la que se basa la llamada innovación de abajo hacia arriba, y que consiste en fomentar que todos los empleados contribuyan aportando y desarrollando ideas. Por este motivo, se dice que este tipo de innovación es impulsada por las ideas (idea driven).

Los empleados están inmersos en las operaciones del día a día, por lo que tienen más contacto directo con los clientes, que la alta dirección, lo que les sitúa en una buena posición para generar información relevante acerca de los clientes. Además, los empleados  tienen un conocimiento profundo de los procesos que se ejecutan de manera habitual en la empresa, y conocen de primera mano las problemáticas que estos presentan.


Ambos aspectos pueden ser fuentes de inspiración para generar ideas que permitan crear más valor para los clientes y/o para la empresa. Lo que debe hacerse desde el liderazgo, es motivar o incentivar a los empleados para que compartan sus ideas, además de construir las circunstancias que hagan que el proceso para hacerlo sea conocido por todos, fácil y transparente.

Algunos de los aspectos más importantes a la hora de diseñar el proceso son los siguientes:

  • establecer como se recogen las ideas: una solución es utilizar un software de gestión de ideas. 
  • determinar si las ideas que se desean recibir deben estar relacionadas con ciertos retos de innovación, o si se aceptan todo tipo de ideas.
  • crear un comité de innovación que examine las ideas y conceda recursos para desarrollar aquellas que se consideren más interesantes.
  • conocer los criterios que harán que una idea avance a lo largo del proceso o sea descartada.
  • conceder tiempo a los empleados para el desarrollo de sus propias ideas ( son famosas las iniciativas de 3M o Google en este sentido).
  • ofrecer incentivos para que los empleados se sientan interesados en colaborar (no hablo únicamente de incentivos económicos).
La mayoría de las ideas generadas por los empleados son incrementales, pero de vez en cuando puede aparecer alguna idea más radical. En cualquier caso no hay que despreciar las ideas incrementales, ya que son un modo de hacer avanzar a la organización y de crear una verdadera cultura de innovación. Una vez se logra establecer una cultura innovadora, la innovación pasa a ser parte del trabajo de todas las personas. 

Este enfoque de la innovación hace que los empleados presten más atención a los pequeños detalles, para poder buscar inspiración y generar nuevas ideas. De este modo los empleados sienten que pueden participar de manera directa en las nuevas iniciativas que la empresa desea desarrollar. Se sienten motivados, y en lugar de quejarse de todo aquello que les genera frustración, tienen la oportunidad de proponer nuevas soluciones.

Concluyendo

Las organizaciones que deseen convertir la innovación en su seña de identidad, harán bien en combinar ambos enfoques. La innovación de arriba hacia abajo, permite llevar a la práctica la visión y los objetivos ambiciosos que se hayan establecido desde el liderazgo. Es por lo tanto, muy importante para hacer realidad grandes transformaciones, crear ventajas competitivas o para reaccionar a los cambios del entorno.

En el caso de la innovación de abajo hacia arriba los resultados serán, por lo general, menos llamativos, sin embargo pueden tener un impacto elevado en el negocio, si se logra activar una multitud de pequeñas iniciativas. Esto hará que las personas de la organización se sientan valoradas y motivadas, y contribuirá sin duda a incorporar la innovación al ADN de la empresa.


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